La vida y la muerte son, en definitiva, dos caras de la misma moneda. La existencia humana implica la presencia de ambas. Y si ayer nos referíamos a los poemas de muerte, hoy llega el turno de los poemas de la vida.
Solemos relegar a los amigos por falta de tiempo, distanciarnos de la familia por culpa del trabajo y olvidarnos de la recreación por infinitos motivos. La vida se transforma a veces en supervivencia. Podemos preguntarnos qué hemos hecho hoy que realmente nos haya llenado el alma… y pasar varios minutos en silencio.
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